Rios de Agua Viva

21.05.2014 16:25

Sn. Juan 4:5-26  “Jesús y la mujer samaritana” (VRV 1960)

Vino pues, a una ciudad de samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino; se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber, pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tu siendo judío, me pides a mi de beber que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre si. Respondió Jesús y le dijo: si conocierais el don de Dios, y quien es el que te dice: dame de beber; tu le pedirías, y el te daría AGUA VIVA.

La mujer le dijo: Señor, no tienes con que sacarla, y el pozo es hondo ¿de donde, pues, tienes el agua viva? ¿acaso eres tu mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo el cual bebieron el, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua volverá atener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré, será en el una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido y ven acá.

Respondió la mujer y dijo: no tengo marido. Jesús le dijo: bien has dicho: no tengo marido; porque 5 maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tu eres profeta, nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es donde debemos adorar. Jesús le dijo: mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorareis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; vosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adoraran al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu, y los que le adoran en espíritu y en verdad, es necesario que adoren. Le dijo la mujer: se que ha de venir el Mesías llamado el Cristo;, cuando el venga nos declarara todas la cosas. Jesús le dio: Yo soy, el que habla contigo.

¿Qué ser vivo puede coexistir sin agua? El agua sin duda alguna es sinónimo de vida, pues sin ella, nada ni nadie puede vivir.

El cuerpo humano esta constituido por el 75% de agua, el jitomate, su composición es del 90%, en fin, todos necesitamos de agua liquida.

La vida espiritual de la persona también necesita de agua viva espiritual, para poder vivir, para poder existir.

En la historia anterior, el Señor Jesús habla de una agua que sacia, y que por la cual nunca mas tendremos sed. La mujer samaritana estaba deseosa de esa agua y fue a pedírsela, Dios todo lo da gratuitamente, por nada cobra, y nos invita a beber de esa agua viva.

 

        Cuantos en nuestra necesidad de buscar satisfacción o solución a nuestros problemas, vamos y nos refugiamos en otros lados, y siempre en ultima estancia ponemos a Dios.

La mujer samaritana buscaba seguirse saciando con agua liquida y terrena, esta agua representa un vicio, una adicción, puede ser el alcohol, las drogas el sexo, la pornografía etc. Si bien es cierto que al practicar estas actividades encontramos una satisfacción, cierto olvido a nuestros problemas o a nuestros placeres carnales; es solo por un momento determinada, un cierto tiempo y después, volvemos a tener la sed y volvemos a recurrir a estos métodos.

En cambio, Dios nos ofrece algo permanente,                          ¡satisfacción permanente!, ¿Qué quiere decir esto? Que cuando Dios entra a nuestra vida a través   de Jesucristo, nunca mas tendremos que volver a buscar una solución a todos nuestros problemas y pesares, la mujer dejo todo lo que antes la satisfacía y adquirió la solución viva que es a través de Jesús.

Amigo, hoy Cristo quiere darte de beber de esa agua viva, para que tu nunca vuelvas a tener sed, el es tu amigo y quiere habitar en tu corazón, dice Apocalipsis 3:20 “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo, si alguien quisiere abrir a la puerta, entrare a el, cenare con el y el conmigo” (RV 1960)